La agricultura biodinámica se basa en los principios del filósofo Rudolf Steiner, que propuso un enfoque holístico del cultivo: considera las interrelaciones entre las plantas, los animales, las personas y el entorno. No busca solo producir alimentos saludables, sino regenerar y cuidar el suelo y el ecosistema en su conjunto.
Lo que la diferencia de la agricultura orgánica es que, además de evitar productos químicos sintéticos, mejora la salud del suelo mediante preparados naturales —compost y minerales específicos— que potencian su vida microbiológica. Y tiene en cuenta los ciclos lunares y los ritmos naturales para optimizar siembras y cosechas, favoreciendo un cultivo más equilibrado y respetuoso con el entorno.